Treinta y dos escalones.

Publicado: 7 septiembre, 2015 en Sin categoría

Nadie me cree nunca cuando lo cuento, no sé por qué razón iba a ser diferente ahora, pero si os interesa, allá va:
Cuando era más pequeña (de edad, no de tamaño, deja de reírte, gilipollas) había alguien más en mi casa, algún tipo de espectro, presencia o fantasma, que vivía con nosotros…
¿Ves? Ya estáis pensando lo mismo que ha pensado todo el mundo antes, que cuando somos críos tenemos una imaginación increíble, que es normal que a determinada edad no sepa distinguir una alucinación de lo real, por eso no sé por qué os habéis empeñado en que lo cuente ni por qué insistís en que siga…
Bueno, el caso es que tampoco era una aparición espectacular, ni nada por el estilo, o sea, se trataba sólo de unos pasos subiendo las escaleras, de prisa, casi corriendo, para, una vez completados los treinta y dos escalones pararse de golpe…
Después, de forma inevitable todos los sentidos del que escuchaba (o sea yo) se enfocaban a la terraza, al tejado, como si de un momento a otro fuera a caer algo por allí, sólo que nunca caía nada más pesado que el silencio.
Nada espectacular, ya os digo, sin embargo, la alegría que podías percibir en los pasos devorando escalones, deseando llegar a su destino y lo brusco de su interrupción, el momento de tensión y luego el silencio… era escalofriante.
Eran siempre los mismos pasos, siempre los mismos treinta y dos escalones… y yo conozco de sobra los pasos de mi gente, igual que nos pasa a todos…  cuando vives con alguien el suficiente tiempo acabas distinguiendo hasta algo tan mínimo como los vicios al caminar, además, os repito que eran siempre los mismos pasos livianos y siempre los mismos treinta y dos escalones… lo más curioso de todo quizás es que esa escalera tenga algunos escalones más, pero con la prisa que mi pequeña fantasma llevaba, imagino que algunos se los saltaba de dos en dos…
Os estoy aburriendo, entre que ni siquiera me creéis y que mi historia no es gran cosa… cállate, no digas que no, que te he visto bostezar…
Por lo demás, sí, hay más cosas, pero prometo que acabaré rápido con ellas, siempre he podido encontrar suficientes explicaciones, quiero decir, las sombras en los espejos, los vasos que explotan solos y las pesadillas son mucho más sencillas de racionalizar que esos pasos suaves atronando en la escalera.

Además, supongo que esas otras cosas os han pasado a todos, deben ser como los déjà vu, que todo el mundo los tiene, muy, muy común debe ser porque toda la literatura está plagada de semejantes tópicos, de huellas en los espejos, vahos fríos y cosas que no están dónde deberían… y, por supuesto, de niñas pequeñas con pesadillas.
Si esperabais algo más dramático, lo siento, mi pequeña historia de fantasmas, por no tener no tiene ni siquiera solución, no sé quién vivió en esa casa y tampoco tengo ni idea de por qué frena en la puerta del piso de arriba. Es decir, tengo alguna sospecha, un par de certezas indemostrables y una o dos hipótesis posibles, pero ya no os aburro más, ha sido él quien se ha empeñado en que os lo cuente y que nadie diga que no lo advertí…

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